Redes Sociales: ¿amigas o enemigas?

Redes sociales, amigas o enemigas

La sobreutilización sin control de las redes sociales por parte de los niños y adolescentes tiene consecuencias en el rendimiento escolar, genera un descenso en las calificaciones, produce un empeoramiento de la salud en general y favorece la presencia de síntomas de potenciales problemas de salud mental en el futuro.

Según un estudio llevado a cabo por Larry Rosen, de la California State University, los padres que no controlan ni limitan el uso de las redes sociales por parte de sus hijos se enfrentan a mayores riesgos en relación con la actitud de sus hijos, las relaciones familiares y sociales y el rendimiento escolar.

Según esta investigación, los estudiantes que usan de manera más frecuente las redes sociales son mucho más narcisistas, presentan mayores tasas de enfermedad y son más proclives a padecer problemas de salud en el futuro que sus compañeros que siguen unas pautas establecidas de control del uso de estas tecnologías.

Las continuas interrupciones en el estudio para el envío de mensajes o comunicaciones a sus amigos en las redes, más la presencia de tendencias adictivas no sólo en relación con las redes sociales, sino también con respecto a videojuegos y tecnología en general, tienen efectos nocivos en el correcto desarrollo mental e intelectual de los niños y jóvenes.

El estudio se centró en analizar los hábitos de estudio y conductas en casi trescientos estudiantes de primaria y secundaria, así como variables relacionadas con la actitud de más de mil padres sobre el control de los hábitos de sus hijos.

Las conclusiones fueron claras: el exceso en el uso de las redes sociales y tecnologías asociadas revierte en una alteración o abandono de correctos hábitos de estudio, falta de hábitos de alimentación adecuada, falta del adecuado ejercicio físico y finalmente como consecuencia de lo anterior, una disminución de los niveles generales de salud.

Asimismo, estudiando la evolución en las etapas siguientes hacia la adolescencia, se observa un aumento en los factores de riesgo de trastornos tales como el narcisismo, conductas antisociales, trastornos de la personalidad, trastorno bipolar y trastorno de la personalidad.

A pesar de las consecuencias perjudiciales, evidentemente éstas están en relación con el uso excesivo y descontrolado, mientras que la utilización de las redes sociales de manera lógica y limitada presenta consecuencias positivas para el desarrollo de los niños y adolescentes, entre las que se pueden destacar la mayor capacidad de empatía, una mayor interactividad que genera mejores habilidades para la adaptación al entorno, así como el aumento de la autoestima y la menor propensión a la depresión.

¿Cuál es entonces el elemento diferencial? Definitivamente, es esencial establecer un diálogo productivo con los hijos, marcando y “negociando” pautas claras sobre su utilización y definiendo y hablando sobre las consecuencias negativas que el exceso en su uso puede acarrear. No se puede (ni se debe) demonizar las redes sociales y las nuevas tecnologías, además de que sería inútil.

Al contrario, debemos aprender de nuestros hijos, escucharles y orientarles en el correcto uso de las redes, controlar y explicar los contenidos inapropiados y en fin, preparar al niño y adolescente para enfrentar los peligros del mundo virtual al igual que se afrontan los problemas del mundo real.

En este asunto, como en muchos otros, es también importante que los padres estén actualizados sobre los cambios y tendencias, las novedades, las últimas tecnologías, lo que atrae a sus hijos, y finalmente, seguir la regla de oro del diálogo con nuestros hijos en esta sociedad cambiante:  Hablarles, sí, pero sobre todo escucharles y aprender. ¡Habla un minuto, escucha cinco!

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