Padres e hijos: ¿Cómo el perro y el gato?

Con la adolescencia de los hijos, empieza un momento muy complicado para las familias. El adolescente, que hasta hace dos días ha sido niño, empieza a cambiar, a hacer cosas raras y toda la familia se tiene que adaptar a este hecho. Es un momento de crisis y cambio, es el momento del perro y el gato.

El gato es el adolescente y como buen gato, quiere su espacio propio, su intimidad, reflexionar sobre sus cosas, curiosear, buscar cosas nuevas y salir de casa.

Los perros son los padres, que viendo que su hijo se está haciendo mayor, empiezan a experimentar la sensación de “nido vacío” y reaccionan acercándose más a su hijo, a darle mimos, a querer estar con él todo el tiempo posible, antes de que efectivamente se haga mayor y se vaya de casa.

¿Y qué ocurre cuando se juntan perros y gatos? Pues que los gatos huyen, salen corriendo, y los perros corren detrás. Además el gato no se atreve a parar y hacer un intento de acercamiento por si el perro le pilla y no le suelta. Así pueden estar persiguiéndose durante mucho tiempo sin llegar a encontrarse y cada vez más cansados, mas enfadados, tristes e impotentes.

Esto provoca que la relación entre padres y adolescente empeore y se enquiste. Los padres dirán frases del estilo: “Es que no le vemos el pelo”, “no nos hace ni caso” y el hijo: “es que mis padres son un agobio”, “no me dejan hacer mi vida”.

¿Qué hacer en estos casos? Los padres tienen que entender que el adolescente necesita su espacio, qué está en un momento de cambio y de reflexión y que necesita tiempo para sí mismo y pensar en sus cosas.

Sin embargo la comunicación entre padres e hijos debe continuar, lo que es un reto para los padres de los adolescentes. Hablar con los hijos e hijas, sin agobiarles, pero estando presentes en el día a día, enterados de sus quehaceres cotidianos, de lo que les gusta y de lo que les preocupa.

Algunas pautas para preparar el diálogo son:

• Buscar el momento y el lugar oportuno para hablar.

• Esperar a que todos estén en condiciones de hacerlo.

• Utilizar formas y tonos adecuados.

• Concretar al máximo los acuerdos, con detalles claros y concretos, objetivos.

• Si no se cumplen, pedir explicaciones también de manera adecuada.

La flexibilidad de los padres, dentro de unos límites, es la clave para afrontar la adolescencia.

 

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