Optimismo en tiempos de virus

Hemos pasado de, una vida cómoda, segura, con planes a medio y largo plazo, con tan pocas preocupaciones, que el exceso de trabajo o el anhelo de más tiempo de ocio y paradójicamente, la falta de habilidades para utilizar nuestro tiempo de ocio, eran los problemas de la mayor parte de la sociedad occidental de finales del S. XX y principios del XXI, a de repente, sin avisar, vernos sumidos en el caos, en la incertidumbre, en la tristeza, en el dolor y la ansiedad de no saber qué pasará mañana porque intuimos que mañana va a ser peor.

De semana en semana están cambiando nuestras expectativas, de día en día están cambiando nuestros hábitos de consumo, de trabajo, de ocio, de relación social, casi de hora en hora están cambiando nuestras leyes y las cifras de contagios, enfermos fallecidos, minuto a minuto no paran de cambiar y de momento, a peor.

¿Es momento para el derrotismo, para la desesperanza, para la depresión o para la ansiedad? o ¿Tal vez es momento para la fuerza, para el optimismo, para hacer común ese dicho tan nuestro de “hacer de tripas corazón”? Pues sí, ahora más que nunca, este debe ser el tiempo del optimismo.

Somos nietos de los que vivieron una cruenta guerra entre hermanos, somos hijos de los que vivieron una postguerra llena de escasez y una larga dictadura, sobrinos de las víctimas del virus del  SIDA, seres muy queridos de los que sufrieron la lacra de las drogas  y somos padres de una nueva generación maravillosa que teniendo acceso a todas las bondades materiales imaginables, se enfrenta con dificultad a su futuro laboral, a la construcción de un futuro familiar y que aun así, llena de energía, llena de alegría, se mantiene activa e incansable en la búsqueda de alternativas que mantengan en movimiento su mundo, nuestro nuevo mundo.

Es fácil, porque es natural, porque es adaptativo y crucial que, ante situaciones de riesgo personal, global e inminente, sintamos miedo. El miedo, es el mecanismo que tenemos los seres vivos para protegernos del peligro, para manteneros vivos, es el mecanismo que nos hace seguir las recomendaciones de las autoridades de protegernos de un contagio, de proteger a los más vulnerables de ese contagio o para protegernos de una sanción administrativa. En cualquier caso, se produce una respuesta automática de defensa y nuestro sistema nervioso simpático se activa, aumentando nuestros niveles de cortisol, preparando al organismo para la lucha o para la huida.

Sin embargo, cuando esta situación de activación sobrepasa la capacidad del individuo, bien por una duración prolongada en el tiempo, bien por la intensidad puntual de la respuesta o por que se produzcan ambas simultáneamente, esta respuesta automática lejos de ser adaptativa pasa a ser un peligro en sí misma porque produce el bloqueo del organismo, impidiéndole actuar, impidiendo la toma de decisiones y produciendo, en algunos casos, la parálisis física y emocional.

Miedo sí, parálisis y caos no.

Sabiendo que los excesos nunca son buenos, busquemos el equilibrio y controlemos ese equilibrio.

La diferencia entre el derrotismo y el optimismo, entre el estrés y la tranquilidad es el nivel de activación fisiológica. Si una activación fisiológica acorde con la situación nos puede proteger, la activación fisiológica desmedida nos puede matar y es que, esa sobre activación que nos paraliza disminuye nuestro sistema inmune y nos hace más vulnerables a las enfermedades, esa sobre activación, disminuye nuestra capacidad de enfocar nuestra atención, de procesar información, de buscar y diseñar alternativas para seguir protegiéndonos y para enfrentarnos de manera más inteligente a cada situación y facilita las conductas impulsivas e irresponsables.

Cuando nuestro estado anímico es de tranquilidad y es optimista, nuestro sistema autónomo simpático se desactiva, disminuye nuestra tensión muscular, nuestra frecuencia cardíaca es más lenta, respiramos más pausada y profundamente, además, se produce un fenómeno al que se llama coherencia cardíaca, es decir, corazón y respiración trabajan al unísono, hay un latido más rápido cuando inspiramos para distribuir toda la inhalación de oxígeno y hay un latido más lento aprovechando la expiración, para proporcionar descanso y tiempo de recuperación al corazón hasta la siguiente inhalación. Si logramos una buena coherencia cardíaca, podremos aumentar nuestra variabilidad cardíaca (HRV) y esto hace que se inicie el mismo proceso fisiológico inverso que activó la situación de riesgo, en este caso, se reduce la hormona del estrés (cortisol) y aumentan las hormonas del bienestar (endorfinas, oxitocina, dopamina y serotonina), que consiguen equilibrar la actividad del sistema nervioso simpático y controlar la tensión arterial y el ritmo cardiaco. Por eso es importante aprender a controlar la respiración, por eso respirar consciente, profunda y pausadamente te tranquiliza.

El aumento de estas hormonas nos ayudará a controlar las emociones asociadas a la felicidad y al bienestar, el amor, la memoria, la empatía, reforzarán los vínculos y la confianza, además. mantendrá elevado nuestro sistema inmune para hacer frente a los micro organismos externos.

Estas sustancias, las hormonas de la felicidad, contribuyen a mejorar nuestra memoria y nuestra capacidad de atención, de aprendizaje de nuevos contenidos y de nuevas habilidades. Son las que nos van a ayudar a buscar en las experiencias pasadas, en el conocimiento acumulado, conexiones diferentes, conexiones neuronales alternativas a las que establecemos habitualmente, que hasta ahora eran invisibles, y nos abrirán nuevos caminos, nuevas expectativas y nuevos horizontes a los que llegar, tanto para alcanzar soluciones a los problemas presentes y urgentes (vacunas, curas, cómo entretener a los niños, cómo cuidar de un familiar enfermo, cómo organizar el trabajo desde casa o cómo enfrentarse a todo lo anterior teniendo que salir de casa a trabajar al hospital, a trabajar al supermercado a conducir un autobús o a mantener el cumplimiento del orden…) como a los problemas que vendrán (despidos, exámenes, pagos, crisis económica, desarrollo…)

Si a las generaciones pasadas les hubiera inundado el desánimo, el derrotismo, la tristeza, el pesimismo y la desgana, hoy no estaríamos aquí. Como dice el gran Loquillo en Viento del este “Mira al frente, mira adelante…, antes que tú otros estuvieron segando el miedo, sembrando el viento…”. No somos los primeros en sufrir, ni tampoco seremos los últimos. Aprendamos, protejámonos con la mejor de nuestras armas, la seguridad, el sentido común, la tranquilidad, la inteligencia y claro, el optimismo que nos hará más fuertes, como individuos y cómo sociedad.

Busca tu refugio y entrena tu optimismo, entrena tu sistema inmune, entrena tu sistema nervioso, entrena tu bienestar. ¿Quieres ayuda? Te acompañamos en la distancia, te decimos cómo. Ánimo “Mira al frente, mira adelante…siega el miedo, siembra el viento…”

Contacta con nosotros y podremos ayudarte. Nascia Retiro

4 comentarios en “Optimismo en tiempos de virus

  1. Es muy interesante y en mi opinión creo que podría ayudar a mucha gente.
    Yo que sufro crisis de ansiedad a menudo y sé como controlarlas, estaba en shock desde ayer por una mala noticia que recibí ayer de un muy querido amigo.
    He leido el artículo del blog y según iba leyendo sus líneas he notado que el dolor de mi pecho mejoraba.
    Gracias por este buen trabajo.

  2. Querida Valle,
    Gracias por compartir con nosotros vuestro post. Me ha resultado muy alentador, procuro tomarme las cosas con tranquilidad, pero ver plasmado por escrito, en estos tiempos de zozobra e incertidumbre, remedios y soluciones positivas para afrontar esta crisis, me ha servido para afrontar la situación con mayor serenidad y optimismo.
    Un cordial saludo,
    José Luis Ruiz

    1. Estimado José Luis:
      Muchas gracias a ti, en nombre de Valle Molinero. Para nosotros es muy reconfortante poder ayudaros. Te invitamos a que sigas visitando nuestro Blog y Redes Sociales. Podrás encontrar consejos y recomendaciones que estamos seguros que serán muy útiles para poder sobrellevar esta situación.
      Un abrazo y mucha fuerza

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