¡No quiero ir al “Colegio”! Estrés y motivación

Hace poco uno de mis clientes me contaba el chiste de la madre que, insistente, trata de que su hijo se levante de la cama para ir al colegio, tras escuchar los argumentos de este para no querer ir (los niños se ríen de mí, los profesores no me hacen caso, las clases son muy difíciles…) ella le da los suyos para que se levante de una vez y vaya al colegio (todos te están esperando, es tu deber,…y además eres el director del colegio…)

Efectivamente, el personaje insinuado y que el oyente imagina, un estudiante acosado, ninguneado o desmotivado, tiene la misma percepción y emociones que el profesional que se siente acosado, ninguneado o desmotivado. No hay edad para sentirse estresado y sin motivación, ante la obligación de tener que acudir diariamente a un lugar en el que se percibe falta de afinidad con las personas que nos rodean, dificultad o falta de interés de las tareas, falta de reconocimiento por parte de los demás, etc. Estas situaciones suelen provocar la necesidad de huida, para evitar el enfrentamiento a situaciones complicadas y dolorosas.

Si queremos resolver esta situación, podemos tratar de influir en el medio que nos rodea, mejorar las políticas educativas, mejorar la formación del personal docente y de apoyo escolar para detectar estos casos y darles el tratamiento adecuado, fomentar la formación continua de los trabajadores de cualquier sector en habilidades sociales y recursos para fidelizar a sus trabajadores, etc.

Mientras peleamos en los despachos estos imprescindibles cambios y ante la lentitud y dificultad de introducir cualquier mejora en nuestros sistemas educativo y laboral, tenemos la posibilidad de huir de estos entornos agresivos y buscar otros más amables y en sintonía con nuestras necesidades. Cambiar el hábitat negativo por uno alternativo, nuevo colegio, nuevo trabajo, implica en el caso de la escuela que se tendrá que analizar y ajustar la logística y economía familiar y en el caso del puesto de trabajo, las necesidades económicas y oportunidades del mercado laboral. Ante esta posibilidad de escapar de un lugar hostil y amenazante para probar uno diferente, no se deberá menospreciar el riesgo de dar con otro de similares características del que se ha huido.

Como no hay dos sin tres, existe una tercera alternativa y si nuestro objetivo es dejar de sufrir la pesada carga y el esfuerzo diario de acudir cada día de la semana al infierno de la escuela o trabajo, no queda otro remedio que aprender a manejar las situaciones desfavorables y ser nosotros los que nos adaptemos a esos medios (ya se sabe que el secreto de la supervivencia es la capacidad de adaptación…), tomar las riendas y crecer ante las adversidades.

Son muchas las habilidades que es necesario adquirir para cambiar el efecto que pueden producir los actos, gestos, actitudes y decisiones de los demás en nuestras emociones. También es mucho el trabajo de aprendizaje para adquirirlos, pero el resultado del esfuerzo, nuestra “libertad” y nuestra “felicidad” compensa con creces la dedicación necesaria. Si después del duro entrenamiento saltamos de la cama con ilusión para ir al colegio o al trabajo, desempeñar con satisfacción las tareas antes aburridas o ingratas y terminar la jornada cansados pero satisfechos, habrá merecido la pena el esfuerzo.

Las habilidades que tendremos que adquirir y dominar para disponer de las herramientas necesarias para vivir con satisfacción, sin miedo y en liberad, se pueden trabajar con independencia de edad o condición, desde niños a adultos, como estudiantes o trabajadores.

  1. Asertividad
  2. Atención
  3. Autoestima
  4. Bienestar físico: “Mens sana in corpore Sano”
  5. Comunicación
  6. Creatividad
  7. Empatía
  8. Empoderamiento
  9. Optimismo
  10. Procastinación (manéjala)
  11. Relajación
  12. Resiliencia

12 herramientas y un largo camino que comenzamos hoy, te propongo un interesante paseo de descubrimientos y aprendizajes que iremos viendo a lo largo de los próximos posts. Mientras, si quieres, puedes venir a visitarnos y te asesoramos sin compromiso. ¿Nos acompañas?

 

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