La ansiedad: ¿empeora en invierno?

Con la llegada del invierno y tras el paso del otoño, la ansiedad parece que se instala en algunas personas que no saben o no pueden aplicar su inteligencia emocional con el fin de que no pierdan el control.

El frío en sí puede empeorar los síntomas de la ansiedad. La estación de transición hacia el invierno, el otoño, ya trae algunos problemas relacionados con la depresión post vacacional y los cambios de hora y de luz colaboran a este pequeño desgaste anímico.

Ya en el invierno, la escasez de luz y las temperaturas gélidas no colaboran a mantener un estado de ánimo en la mejor de las previsiones. Y es que hay que reconocer que para la mayoría de las personas el sol es una fuente de alimentación, pero vital.

Disminuyen las ganas de salir y de mantenernos activos ya que además las horas de luz son menos y llega antes la oscuridad de la noche. La ansiedad o la depresión se ven ligeramente peor en esta época del año.

En algunos casos, las fobias o los miedos a las tormentas como existen no hacen más que complicar algunos cuadros diagnosticados de ansiedad. Comienzan a nevar y eso es motivo de precaución y de percibirlo como un fenómeno con cierto peligro lo que también eleva el nivel de la ansiedad.

La angustia, el pesimismo y la falta de motivación son algunos factores que contribuyen a empeorar la ansiedad. Esa falta de luz a la que hemos hecho mención anteriormente, la falta de ganas por salir y mantenernos activos por las bajas temperaturas del exterior y el efecto de los fenómenos meteorológicos como la lluvia y la nieve implican, para muchos, una afectación en el estado de ánimo que incide en los cuadros de ansiedad.

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