La alimentación y el estrés, ¿como influye?

la alimentación y el estrés

Hoy en día vivimos en un mundo acelerado, en el que la alimentación y el estrés que a priori no parecen estar relacionados sí acaban estándolo por culpa de la variable tiempo. Un ritmo de vida acelerado, falta de tiempo para cocinar y una gran oferta alimentaria preconizada hacen que se coma a deshoras, mal y con una dieta deficiente.

En el aspecto más puramente alimenticio la alimentación y el estrés están directamente relacionados. Muchos constituyentes de las dietas, macronutrientes y vitaminas, influyen directamente en el cerebro. La vitamina B, por ejemplo, son co-actores en reacciones de importancia de nuestro sistema nervioso relacionado con los neurotransmisores, mielina o la obtención de energía vital.

Los cereales y las legumbres que contienen esta vitamina se deben incluir en una dieta para que nuestro cerebro funcione mejor y las reacciones del sistema nervioso en las que participan sean de ayuda. Las frutas y hortalizas, por ejemplo, tienen antioxidantes que protegen nuestro cerebro. Las carnes aportan no sólo proteínas sino que también ayudan con el hierro al transporte de oxígeno a nuestro cerebro. El pescado también es importante si queremos que tanto nuestras membranas celulares y el sistema nervioso funcionen correctamente. Y finalmente los frutos secos nos ayudan como antioxidantes y con unas sustancias, como son los ácidos grasos esenciales, que ayudan en la comunicación neuronal.

Por eso, la alimentación como unos buenos hábitos basados en:

  • Alimentación saludable.
  • Peso aceptable.
  • Incrementar actividad física.
  • 4 comidas diarias.
  • Respetar los horarios de las comidas sin saltearse ninguna
  • Comer lentamente y masticar correctamente.
  • Evitar hábitos tóxicos, como el tabaco y el alcohol.
  • Disminuir la sal
  • Tomar abundante líquido
  • Intentar que el momento de comer sea lo más placentero posible.
  • Elegir aquellos alimentos que influyen en el correcto funcionamiento cerebral.

Nos van a ayudar a que la alimentación y el estrés no estén mal relacionados sino todo lo contrario. Aunque hay situaciones que debemos manejar para que no nos afecten en otros ámbitos.

 

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