Las tres fases del estrés por las que pasamos

Las tres fases del estrés

Las tres fases del estrés por las que pasan casi todas las personas que lo padecen obedecen a un mecanismo natural que posee nuestro organismo y que nos ayuda con la necesidad que tenemos para adaptarnos al entorno en situaciones cambiantes.

Aunque en sí el estrés es un concepto positivo, se convierte en algo negativo cuando deja de ser un mecanismo de reacción para convertirse en algo duradero y prolongado.

Vamos a explicar, de forma sencilla, las fases por las que pasamos cuando nos estresamos desde que el organismo detecta situaciones que nos ‘amenazan’ y se prepara hasta la fase más aguda en la que el estrés se convierte en algo ‘crónico’.

Para empezar es necesario resaltar que las situaciones que pueden provocar estrés son algo subjetivas ya que no todas las personas reaccionan igual ante ellas: un despido, situaciones de máxima exigencia, pérdidas de seres queridos, etc..

Cuando el organismo detecta una situación amenazante puede prepararse para enfrentarse a ella o huir. Los cambios biológicos que se producen siguen un proceso que se resume en:

Las fases del estrés

  1. La fase de alarma es cuando el cuerpo se prepara para producir energía con cambios químicos, como consecuencia de la movilización del sistema nervioso autónomo. Aquí el cerebro envía señales de activación hormonal y desencadena una reacción en el organismo por la que se produce tensión muscular, incremento en la frecuencia cardíaca, elevación del flujo sanguíneo y se incrementa el nivel de insulina para metabolizar más energía. Otros síntomas son las náuseas y la ansiedad.
  2. La segunda fase, conocida como de adaptación o resistencia, es en la que nos mantenemos alerta y no existe relajación. Se desarrolla una estrategia de supervivencia para afrontar la situación iniciada por el factor estresante. El organismo intenta volver a su estado inicial de calma y normalidad pero produciendo una nueva respuesta fisiológica en la que las hormonas se mantienen en situación de alerta permanente.
  3. Finalmente, la fase de agotamiento es cuando el estrés se convierte en crónico y permanece un período de tiempo que resulta variable en función de cada persona. Es una consecuencia de que las demandas requeridas sobre el cuerpo y mente no pueden ser solucionadas y, por tanto, el cuerpo se agota. En esta fase se producen los síntomas más habituales y prolongados del estrés: agotamiento, mal descanso, sensación de angustia y cambios de carácter.

Los especialistas de Nascia creemos por experiencia que la persona que pasa por estas tres fases del estrés y llega al agotamiento compagina los síntomas físicos referidos con síntomas de carácter emocional y desemboca en una disminución del rendimiento personal, pérdida de autoestima o pequeñas pérdidas de memoria a corto, en situaciones cotidianas.

El control de las variables fisiológicas se puede ‘entrenar’ con técnicas como biofeedback y es una forma eficaz y útil de combatirlo.

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