Estrés y ansiedad en la infancia

El ritmo de vida actual nos empuja a un constante estado de sobreactividad, que tiene su reflejo en una activación excesiva de nuestro organismo, tanto en intensidad (nos activamos más de lo necesario) como en duración (nos activamos más tiempo del necesario).

Los niños no son una excepción, y se encuentran están sometidos desde muy pequeños a un elevado número de estímulos que les obligan a afrontar un proceso constante de respuesta, lo que se traduce en un incremento muy significativo de sus estados de estrés y ansiedad.

Es muy habitual que los niños tengan una apretada agenda de actividades extraescolares. Salen de sus clases y además de tener que hacer sus deberes y estudiar, asisten a cursos de natación, idiomas, deportes, etc.

La intención de los padres es buena, ya que se trata de convertirles en futuros adultos preparados, pero sin embargo, para los niños, sobre todo en función de su edad, tantas actividades pueden provocarles estrés, ya que no están neurológicamente preparados para afrontarlas todas a la vez.

El estrés infantil ya se está convirtiendo en un problema de salud pública; de hecho, la Academia Americana de Pediatría ha alertado sobre este problema y está llevando a cabo programas específicos de información para ayudar a los médicos a identificar y tratar esta enfermedad. Asimismo, son numerosas las investigaciones y estudios que muestran que el origen de muchas de las consultas está relacionado con el estrés infantil.

Entre los síntomas más observados se encuentran los trastornos gastrointestinales, cansancio excesivo, dolores de cabeza y otros que finalmente provocan un aumento proporcional de los problemas de conducta y adaptación.

Un problema añadido es la traslación de todos estos trastornos, a las siguientes etapas de su desarrollo, adolescencia y edad adulta, favoreciendo en ellas la aparición de trastornos cardiovasculares, diabetes, consumo de sustancias nocivas y mayor propensión a la depresión.

El permanente estado de activación en los niños provoca alteraciones fisiológicas en el organismo; el sistema inmunitario decae, lo que les deja más expuestos a las infecciones; se da una interferencia con las hormonas de crecimiento y con la maduración uniforme de partes esenciales del cerebro, como la corteza prefrontal.

Otra situación que está provocando que aumenten los casos de estrés infantil son los padres sobreprotectores. En estos casos, los padres evitan constantemente que el niño se enfrente a situaciones problemáticas o dolorosas para él. No dejar que el niño aprenda a superar las situaciones difíciles es extremadamente perjudicial ya que impide que el niño cree herramientas personales para adaptarse y lidiar con estas situaciones.

Es esencial, por tanto, dotar a nuestros hijos de estrategias adecuadas para afrontar las situaciones difíciles y el estrés que estas puedan provocar, así como una observación adecuada de sus conductas, reacciones y emociones.

Nuestros programas de actuación parten de la correcta motivación del niño, la objetividad unida a la atención más personal, junto con el apoyo necesario a los padres, que dispondrán de pautas concretas de actuación que les faciliten su labor.

Ellos aprenderán jugando, tanto a mejorar su concentración como a conseguir el óptimo nivel de activación, evitando situaciones excesivas de estrés y ansiedad. Vosotros recibiréis un refuerzo necesario para conseguir mantener el control sobre su educación y apoyarles adecuadamente en su crecimiento físico, mental y emocional.

 

 

 

 

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