Enfermedad inflamatoria intestinal y estrés

El término de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) engloba un grupo heterogéneo de entidades nosológicas, de etiología desconocida y carácter sistémico, con expresividad anatomoclínica predominante en el tracto intestinal.

Clínicamente, se caracterizan por un cuadro digestivo crónico e inespecífica de diarrea, dolor abdominal y rectorragia, que evoluciona en forma de brotes de aparición, duración e intensidad impredecibles, acompañados de diversas manifestaciones extraintestinales que tienen que ver con la afectación de las articulaciones, problemas oculares, dermatológicos, etc. Dentro de este grupo de enfermedades destacan la Colitis Ulcerosa (CU) y la Enfermedad de Crohn (EC). En la Colitis Ulcerosa, la lesión inflamatoria afecta casi exclusivamente a la mucosa y submucosa, y se extiende de forma proximal desde el ano hasta una porción variable del colon. Por el contrario, en la Enfermedad de Crohn, la afección inflamatoria puede afectar a cualquier tramo del tubo digestivo, con una distribución segmentaria y extensión transmural.

El mecanismo preciso responsable del inicio y mantenimiento de la inflamación intestinal no está claro. Se implican en la patogenia factores genéticos, ambientales y microbiológicos. Problablemente no hay un agente o mecanismo único que explique o condicione todos los aspectos de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal. Aunque la mayoría de los estudios se han centrado en la evaluación de los componentes biológicos de la enfermedad, hay un acuerdo generalizado en reconocer que los factores psicosociales influyen en el pronóstico y en la evolución de la enfermedad inflamatoria intestinal. Entre los factores psicosociales, el estrés ha sido el centro de atención en la mayoría de estudios sobre Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

El efecto de la respuesta de estrés en un organismo, está modificado por variables que sirven para amortiguar o incrementar el impacto que la respuesta de estrés tiene sobre dicho organismo. Destacamos las siguientes:

  • Predisposición psicobiológica: Cada persona responde a partir de los recursos que dispone, tanto biológicos como psicológicos. La predisposición psicobiológica hace referencia al hecho de que determinadas características biológicas o psicológicas de una persona facilitan o dificultan el efecto que pueda tener la emisión reiterada de respuestas de estrés.
  • Patrón de estereotipia de la respuesta: el efecto nocivo del estrés sobre el organismo tiene que ver con la reiterada actuación de algún órgano que produce un desgaste excesivo. Por eso, si ante las distintas situaciones de estrés se pone en marcha siempre el mismo tipo de respuesta y, en consecuencia, se ven afectados siempre los mismos órganos, los efectos del estrés serán más negativos, sobre esos órganos implicados.
  • Hábitos o patrones comportamentales: las conductas o hábitos conductuales que de forma cotidiana o habitual lleva a cabo una persona también pueden actuar modulando los efectos del estrés.
  • Apoyo social: El apoyo social es uno de los factores ambientales más importantes en relación con la salud, la satisfacción vital y el desarrollo personal. Existe amplia evidencia de que una red social estable, sensible, activa y confiable nos protege contra agentes perjudiciales la salud.
  • La autoestima: es el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, de competencia y valía personal. La autoestima impulsa a actuar, y aporta motivación para conseguir los objetivos deseados. Influye en cómo se trata uno mismo, en cómo se trata a los demás, en cómo los demás le tratan a uno y en los resultados que se obtienen.

Tras lo expuesto anteriormente, se deduce que el estrés aumenta la vulnerabilidad del organismo a desarrollar trastornos de la salud ya que, las situaciones estresantes, ya sea por su intensidad, frecuencia o por su duración, llegan a desbordar los mecanismos homeostáticos reguladores del equilibrio del organismo, generando alteraciones que pueden afectar a uno o varios sistemas biológicos y a la conducta del individuo propiamente dicha.

En la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, la clave del estrés está relacionada con la influencia y afectación que este factor psicosocial puede ejercer en el funcionamiento del sistema inmunológico. Los signos y síntomas de esta patología son causados porque el sistema inmune ataca a las células del organismo provocando una inflamación excesiva en el tracto gastrointestinal. Por ello a la Enfermedad Inflamatoria Intestinal se la considera una enfermedad autoinmune.

Concretamente, estos fallos en la respuesta inmune producidos por estrés, se deben a la desregulación de citoquinas proinflamatorias, en especial la la interleucina 6 (IL-6) Las citoquinas o citocinas, son los agentes responsables de la comunicación intercelular ante una invasión microbiana. Su acción fundamental es regular el mecanismo de la inflamación y definir la magnitud y naturaleza de la respuesta inmunitaria. Los desórdenes de citocinas inducidos por estrés son muy variados; la investigación con frecuencia los muestra participando en la producción de enfermedades crónicas inflamatorias y degenerativas tipo autoinmunes (hay enfermedades TH1 y TH2), Alzheimer (TH2), y en enfermedades más comunes como arteriosclerosis y sus consecuencias (asociadas con niveles altos y persistentes de IL-6 generados por estrés).

Todo este proceso biológico, conduce a un empeoramiento del curso de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal y por tanto, a una disminución considerable en su calidad de vida. Esta enfermedad es crónica, con alternancia de fases de remisión y períodos de actividad, que con frecuencia se inicia a una edad temprana, estando marcada por síntomas como el dolor abdominal, las diarreas y el sangrado intestinal. Son necesarios controles periódicos, eventuales ingresos hospitalarios y tratamientos prolongados con efectos adversos frecuentes o intervenciones quirúrgicas.

Tal y como explican algunos autores, las repercusiones psicosociales que se producen como consecuencia del brote de la enfermedad, como por ejemplo, la incapacidad para trabajar, el retraimiento social o los cambios en la vida familiar, podrían estar influyendo en la valoración personal que hace el sujeto de sí mismo y podría provocar la aparición de trastornos ansiosos.

No obstante, estudios psicoinmunológicos recientes han demostrado que, si bien es cierto que el padecimiento de la enfermedad afecta al incremento en la probabilidad de aparición de trastornos emocionales, éstos, a su vez, afectan a la propia enfermedad inflamatoria intestinal,haciendo, en muchas ocasiones, que empeore la sintomatología.

Por todo lo anterior, el Método Nascia mediante el cual conseguimos el control del estrés y la ansiedad mediante un entrenamiento psicofisiológico adaptado al paciente, contribuye en la mejora de la evolución de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal disminuyendo tanto su sintomatología psicosocial como su sintomatología física y mejorando la calidad de vida de estos pacientes.

4 comentarios en “Enfermedad inflamatoria intestinal y estrés

    1. Estimada Adela,
      Tal como explicamos en este post, el estrés está directamente relacionado con la Enfermedad Inflamatoria Intestinal.
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      Un saludo,

    1. Estimado Roberto,

      Gracias por tu interés.

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