El estrés, depresión o ansiedad en la tercera edad aparece cuando ocurren distintas situaciones en las que las personas mayores de 60 años cambian su estado de ánimo, y disminuye principalmente como consecuencia de la muerte de algún ser querido, principalmente la pareja, enfermedad física incapacitante, soledad, incompresión familiar, etc.
La depresión, si no se diagnóstica ni se trata, causa un gran sufrimiento. El diagnóstico, en ocasiones, es difícil pues la persona de edad puede tener ciertas reservas a la hora de hablar de su desesperanza o tristeza, así como de su falta de interés en actividades que anteriormente les eran placenteras.
Aunque los trastornos de ansiedad son menos prevalentes en la tercera edad que en poblaciones más jóvenes, su presencia, en muchas ocasiones es elevada. Suelen pasar desapercibidos, incorrectamente diagnosticados y no son tratados o lo son de forma inadecuada. Clínicamente suelen expresarse como ansiedad generalizada y con frecuencia se acompañan de síntomas depresivos. Perturban notablemente la vida la de su entorno, por lo que es obligado abordarlos de forma terapéutica.
Se ha señalado que la adversidad social (clase social baja, escasos ingresos, malas condiciones de la vivienda, etc.) incrementa los niveles de la dimensión de ansiedad en la población mayor, pero su asociación con trastornos de ansiedad es menos potente.



